viernes, 21 de octubre de 2011

Un ejemplo a seguir en España para dar a conocer la liturgia romana clásica según el espíritu de "Summorum Pontificum"

Afiche del evento del 22-23 de octubre

Este fin de semana tendrá lugar en una parroquia de la provincia de Teramo en los Abruzzos (Italia) una importante conferencia bajo el título de “La Sagrada Liturgia para la renovación de la vida cristiana”. El importante evento se desarrollará en dos días: mañana sábado día 22 de octubre se dedicará a las ponencias, mientras el domingo se reservará para una solemne misa pontifical en el trono oficiada por Su Eminencia Reverendísima el Señor Cardenal Darío Castrillón Hoyos, presidente emérito de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei y buen amigo de la Federación Internacional Una Voce (FIUV). Participarán como conferenciantes dos ya conocidos e ilustres difusores del rito romano clásico: Mons. Nicola Bux, catedrático de la Facultad Teológica de Bari (Apulia), quien disertará sobre el tema “La decadencia de la Liturgia, crisis de la Iglesia. ¿Cómo salir de ella?”; y el R.P. Fray Vincenzo Nuara, O.P., miembro de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei y fundador del movimiento Amicizia Sacerdotale Summorum Pontificum (Amistad Sacerdotal Summorum Pontificum), el cual tratará acerca del “Motu proprio Summorum Pontificum e Instrucción Universae Ecclesiae, instrumentos para la renovación”.

Nos ha parecido oportuno consignar la noticia de esta conferencia para subrayar la total ausencia en España de eventos de esta clase, lo que da la medida del ínfimo nivel en el que nos movemos aquí por lo que toca a la cuestión litúrgica en relación con otros países. El motu proprio Summorum Pontificum lleva ya más de cuatro años de vigencia y la instrucción Universae Ecclesiae varios meses de haber sido publicada sin que, al parecer, las autoridades eclesiásticas españolas se hayan dado por enteradas. A poco de aparecer el primer documento, eso sí, se organizó en Barcelona un encuentro del Centro Pastoral de Liturgia sin otro objeto que el de echarlo por tierra (con la excepción de Mossen Jaume González Padrós, que hizo una exposición bastante ecuánime del motu proprio). Mientras no sólo en Italia, sino también en Francia, el Reino Unido, Alemania, Estados Unidos, Méjico, Australia y otros países se va tomando cada vez mayor conciencia de la necesidad de consolidar la pax liturgica instituida por el Santo Padre Benedicto XVI, felizmente reinante, y se actúa en consecuencia, en España los obispos (salvo tres o cuatro) actúan como si Summorum Pontificum  no existiera o fuera papel mojado. ¡Y tenemos un cardenal español como prefecto de la Congregación para el Culto Divino!

El R.P. Fray Vincenzo Nuara, O.P., celebrando misa solemne
en la iglesia del Santísimo Salvador de Silvi Paese (Teramo)


A nivel de los seglares, gracias a Dios, ha habido una sana reacción, sobre todo entre los jóvenes (a quienes no se puede acusar, por cierto, de nostalgia o apego al pasado): nuevas asociaciones y grupos van surgiendo a lo largo y ancho de nuestra geografía, pero suelen chocar, desgraciadamente contra el muro de incomprensión y de intolerancia alzado desde las curias diocesanas. Hay quienes arguyen que no hay demanda de celebraciones regulares según el rito romano clásico o forma extraordinaria y que, por lo tanto, no tiene sentido la aplicación del motu proprio. Pero, como nos venimos preguntado desde hace tiempo: ¿cómo va a haber gente que pida dichas celebraciones si no se las da a conocer? Desde el momento que la liturgia tradicional es una riqueza de toda la Iglesia, cualquier católico tiene derecho a conocerla y a participar en ella. Y los obispos, como moderadores de la vida litúrgica, tienen la obligación de no negar el acceso de sus fieles a dicho tesoro. Si todo procede con el debido respeto y en el espíritu y la mente del Romano Pontífice, no hay motivo para privarles de la oportunidad de conocer, amar y desear las celebraciones del usus antiquior. Así de sencillo.

El ejemplo de Italia es ilustrativo y ejemplar. La conferencia de la que nos hacemos eco en esta ocasión no se ha organizado en Roma o en una metrópolis populosa: lo ha sido en una pequeña localidad de unos 15.000 habitantes –Silvi–, cuyo párroco no ha tenido inconveniente en ofrecer la hospitalidad de su iglesia y prestarse a intervenir para dar la bienvenida a los participantes. Y obviamente con el conocimiento del Sr. Obispo de Teramo-Atri, del que depende la parroquia, ya que es de uso entre los cardenales de la Santa Iglesia Romana la elemental cortesía de anunciar su visita a una diócesis que no es la suya al ordinario de la misma y contar con su anuencia. Por otra parte, el doble programa del evento es modélico: primero se apela al intelecto mediante las disertaciones de los ponentes; después, los fieles pueden experimentar de forma práctica e inmediata aquello que han escuchado a través de la Sagrada Liturgia en acto. Es un perfecto método didáctico que ayuda a la mejor comprensión de los alcances del motu proprio y que deberíamos poder aplicar en España. No es posible ni normal que en Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Bilbao, Zaragoza y otras grandes ciudades los católicos que queremos dar culto a Dios regularmente en uno de los beneméritos ritos legítimamente reconocidos en la Iglesia, nos veamos reducidos a una minoría silenciada y silenciosa. Que tomen nota nuestros prelados y a seguir ejemplos como el de nuestros hermanos italianos.


Agradecimiento: Prof. Paolo Tontodonato.



La iglesia del Santísimo Salvador de Silvi Paese (s. XII)  marco de la misa
pontifical de este domingo, que será oficiada por el cardenal Castrillón Hoyos





viernes, 7 de octubre de 2011

RATIO SANCTISSIMVM MARIALEM ROSARIVM LATINE RECITANDI


“Est autem Rosarium certa precandi formula, qua quindecim angelicarum salutationum decades, oratione dominica interiecta distinguimus, et ad earum singulas totidem nostrae reparationis mysteria pia meditatione recolimus”.

(Lectio IV ad Matutinum ex Breviario in festo Beatae Mariae Virginis a Rosario). 

Incipit Sancti Rosarii recitatio

Jesus (crucem coronae rosarii deosculans)

Se signans supra pectum:

V. Dignare me laudare Te, Virgo sacrata.
R. Da mihi virtutem contra hostes tuos.

Per signum (†) Sanctae Crucis, de inimicis (†) nostris, libera nos (†), Deus noster.
In nómine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Amen.

Spiritus Sanctus invocatur:

Antiphona. Veni, Sancte Spiritus, reple tuorum corda fidelium, et tui amoris in eis ignem accende.

V. Emitte Spiritum tuum et creabuntur.
R. Et renovabis faciem terrae.

Oremus. Deus, qui corda fidelium Sancti Spiritus illustratione docuisti: da nobis in eodem Spiritu recta sapere, et de eius semper consolatione gaudere.
Per Christum Dominum nostrum. R. Amen.

Actus contritionis: 
Deus meus, ex imo corde Te offendisse me paenitet. Omnia peccata mea detestor quia amissionem caeIi et paenas inferi abhorror; sed maxime quia Te, Deum meum, offendunt, Qui totus bonus es et amore meo totus dignus. Auxilio gratiae tuae ut peccata mea confitear, paenitentiam agam et vitam meam emendem firmiter statuo. Amen.


Formula Rosarium offerendi: Domine Deus noster, dirige et educ omnes nostras cogitationes, verba, affectus, opera et desideria ad maiorem Tuum honorem et gloriam. Et Te, Virgo beatissima, a Filio Tuo largire ut attente ac devote hanc coronam Sanctissimi Tui Rosarii recitemus, quam pro Sanctae Matris Ecclesiae atque nostris necessitatibus tam spiritualibus quam temporalibus offerimus, necnon et pro bono vivorum et suffragio defunctorum gratulationis Tuae ac maioris nostrae obligationis.

Mysteria hodie contemplanda gaudiosa – luminosa – dolorosa – gloriosa sunt.

Maria, Mater gratiae,
Mater misericordiae:
Tu nos ab hoste protege
et hora mortis suscipe.

Post enuntiationem singuli mysterii Pater, decies Ave et Gloria Patri recitantur.

In fine singuli mysterii Fatimae prex dicitur:

O mi Iesu, peccata nostra dimitte nobis, ab igne inferni defende nos; perduc in coelum onmium animas, eorum imprimis qui maxime misericordia Tua indigent.





Gaudii Mysteria

(pro feria secunda et Sabbato)

Ave, redundans gaudio
Dum concipis, dum visitas,
Et edis, offers, invenis,
Mater beata, Filium.

I.
Caelestis aulae nuntius,
Arcana pandens Numinis,
Plenam salutat gratia
Dei Parentem Virginem.

II.
Virgo propinquam sanguine
Matrem Joannis visitat,
Qui clausus alvo gestiens
Adesse Christum nuntiat.

III.
Verbum, quod ante saecula
E mente Patris prodiit,
E Matris alvo Virginis
Mortalis Infans nascitur.

IV. Templo puellus sistitur,
Legique paret Legifer
Hic se Redemptor paupere
Pretio redemptus immolat.

V.
Quem jam dolebat perditum,
Mox laeta Mater invenit
Ignota doctis mentibus
Edisserentem Filium.






Luminis Mysteria

(pro feria quinta)

Ave, Genetrix Luminis,
qui ostensus es mortalibus,
Iordane, nuptiis, regno,
Tabor atque coenantibus.


I.
Lavacra puri gurgitis
Coelestis Agnus attigit:
Peccata, quae non detulit,
Nos abluendo sustulit.
.
II.
Novum genus potentiae:
Aquae rubescunt hydriae,
Vinumque jussa fundere,
Mutavit unda originem.

III. C
hristus Deus, Princeps Pácifer,
Ad conversionem invitat:
In monte novam dat legem
Regnumque Dei iam praedicat.

IV.
Quicumque Christum quaeritis,
Oculos in altum tollite:
Illic licebit visere
Signum perennis gloriae.



V. In mortem a discipulo
Suis tradendus aemulis,
Prius in vitae ferculo
Se tradidit discipulis.




Doloris Mysteria

(pro feria tertia et sexta)

Ave, dolens, et intimo
In corde agonem, verbera,
Spinas, crucemque Filii
Perpessa, princeps martyrum.


I.
In monte olivis consito
Redemptor orans, procidit,
Moeret, pavescit, deficit,
Sudore manans sanguinis.
.
II.
A proditore traditus
Raptatur in poenas Deus,
Durisque vinctus nexibus
Flagris cruentis caeditur.

III.
Intexta acutis sentibus,
Corona contumeliae,
Squallenti amictum purpura,
Regem coronat gloriae.

IV.
Molis crucem ter arduae,
Sudans, anhelans concidens,
Ad montis usque verticem
Gestare vi compellitur.



V. Confixus atro stipite
Inter scelestos innocens,
Orando pro tortoribus,
Exsanguis efflat spiritum.





Gloriae Mysteria

(pro feria quarta et die dominica)

Ave, in triumphis Filii,
In ignibus Paracliti,
In regni honore et lumine,
Regina fulgens gloria.


I.
Jam morte victor obruta
Ab inferis Christus redit,
Fractisque culpae vinculis,
Caeli recludit limina.

.
II.
Visus satis mortalibus
Ascendit ad caelestia,
Dexteraeque Patris assidet
Consors paternae gloriae.

III.
Quem jam suis promiserat,
Sanctum daturus Spiritum,
Linguis amoris igneis
Moestis alumnis impluit.

.
IV.
Exempta mortis onere
Ad astra Virgo tollitur,
Excepta caeli jubilo,
Et angelorum canticis.

V.
Bis sena cingunt sidera
Almae parentis verticem
Throno propinqua Filii
Cunctis creatis imperat.


Gratiarum actio: Gratias innumeras agimus tibi, augusta Principissa, propter omnia beneficia quae a munificentissima manu tua accepimus: dignare, Domina nostra, nos sub tua protectione et refugio semper conservare, ad quem dicimus tibi:

Antiphona. Salve, Regina, mater misericordiae, vita, dulcedo, et spes nostra, salve. Ad te clamamus exsules filii Hevae. Ad te suspiramus, gementes et flentes in hac lacrimarum valle. Eia, ergo, advocata nostra, illos tuos misericordes oculos ad nos converte. Et Iesum, benedictum fructum ventris tui, nobis post hoc exsilium ostende. O clemens, o pia, o dulcis Virgo Maria!

V. Ora pro nobis, sancta Dei Genetrix.
R. Ut digni efficiamur promissionibus Christi.

Oremus. Deus cujus Unigénitus per vitam, mortem et resurrectiónem suam nobis salútis aeternae praemia comparávit: concéde, quaesumus; ut, haec mystéria sacratíssimo beátae Mariae Virginis Rosário recoléntes, et imitémur quod cóntinent, et quod promíttunt, assequámur. Per eúmdem Christum Dóminum nostrum. R. Amen.






LITANIAE LAVRETANAE BEATAE MARIAE VIRGINIS

Adprobatae a Sixto PP V cum bulla Reddituri 11 iulii  an. Dñi. 1587

Kyrie eleison.
Christe eleison.
Kyrie eleison.
Christe, audi nos.
Christe, exaudi nos.
Pater de coelis, Deus, miserere nobis.
Fili, Redemptor mundi, Deus, miserere nobis.
Spiritus Sancte, Deus, miserere nobis.
Sancta Trinitas, unus Deus, miserere nobis.

Sancta Maria, ora pro nobis.
Sancta Dei Genitrix, ora pro nobis.
Sancta Virgo virginum, ora pro nobis.
Mater Christi, ora pro nobis.
Mater Ecclesiae, ora pro nobis.
Mater Divinae Gratiae, ora pro nobis.
Mater purissima, ora pro nobis.
Mater castissima, ora pro nobis.
Mater inviolata, ora pro nobis.
Mater intemerata, ora pro nobis.
Mater immaculata, ora pro nobis.
Mater amabilis, ora pro nobis.
Mater admirabilis, ora pro nobis.
Mater boni consilii, ora pro nobis.
Mater Creatoris, ora pro nobis.
Mater Salvatoris, ora pro nobis.
Virgo prudentissima, ora pro nobis.
Virgo veneranda, ora pro nobis.
Virgo praedicanda, ora pro nobis.
Virgo potens, ora pro nobis.
Virgo clemens, ora pro nobis.
Virgo fidelis, ora pro nobis.
Speculum iustitiae, ora pro nobis.
Sedes sapientiae, ora pro nobis.
Causa nostrae laetitiae, ora pro nobis.
Vas spirituale, ora pro nobis.
Vas honorabile, ora pro nobis.
Vas insigne devotionis, ora pro nobis.
Rosa Mystica, ora pro nobis.
Turris davidica, ora pro nobis.
Turris eburnea, ora pro nobis.
Domus aurea, ora pro nobis.
Foederis arca, ora pro nobis.
Ianua Caeli, ora pro nobis.
Stella matutina, ora pro nobis.
Salus infirmorum, ora pro nobis.
Refugium peccatorum, ora pro nobis.
Consolatrix afflictorum, ora pro nobis.
Auxilium christianorum, ora pro nobis.
Regina angelorum, ora pro nobis.
Regina patriarcharum, ora pro nobis.
Regina prophetarum, ora pro nobis.
Regina apostolorum, ora pro nobis.
Regina martyrum, ora pro nobis.
Regina confessorum, ora pro nobis.
Regina virginum, ora pro nobis.
Regina sanctorum omnium, ora pro nobis.
Regina sine labe originale concepta, ora pro nobis.
Regina in caelum assumpta, ora pro nobis.
Regina Sacratissimi Rosarii, ora pro nobis.
Regina familiae, ora pro nobis.
Regina pacis, ora pro nobis.

Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, parce nobis, Domine.
Agnus Dei qui tollis peccata mundi, exaudi nos, Domine.
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, miserere nobis.

Antiphona. Sub tuum praesidium confugimus, Sancta Dei Genetrix: nostras deprecationes ne despicias in necesitatibus, sed a periculis cunctis libera nos semper, Virgo gloriosa et benedicta.

V. Ora pro nobis, Sancta Dei Genetrix.
R. Ut digni efficiamur promissionibus Christi.

Oremus. Concede nos, fámulos tuos quaésumus Dómine Deus, perpetua mentis et córporis sanitáte gaudére, et gloriósa beatae Maríae semper Vírginis intercessione, a praesenti liberári tristitia, et aeterna pérfrui laetitia. R. Per Christum Dóminum nostrum. R. Amen.





Ad Sanctum Ioseph Leonis PP XIII precatio pro mense octobris (quae laudabiliter semper recitabitur):

Ad Te, beate Ioseph, in tribulatione nostra confugimus, atque, implorato Sponsae tuae sanctissimae auxilio, patrocinium quoque tuum fidenter exposcimus. Per eam, quaesumus quae te cum immaculata Virgine Dei Genetrice coniunxit, caritatem, perque paternum, quo Puerum Iesum amplexus es, amorem, supplices deprecamur, ut ad hereditatem, quam Iesus Christus acquisivit Sanguine suo, benignus respicias, ac necessitatibus nostris tua virtute et ope succurras. Tuere, o Custos providentissime divinae Familiae, Iesu Christi subolem electam; prohibe a nobis, amantissime Pater, omnem errorum ac corruptelarum luem; propitius nobis, sospitator noster fortissime, in hoc cum potestate tenebrarum certamine e caelo adesto; et sicut olim Puerum Iesum e summo eripuisti vitae discrimine, ita nunc Ecclesiam sanctam Dei ab hostilibus insidiis atque ab omni adversitate defende: nosque singulos perpetuo tege patrocinio, ut ad tui exemplar et ope tua suffulti, sancte vivere, pie emori, sempiternamque in caelis beatitudinem assequi possimus. R. Amen.

Ad mentem Romani Pontificis precamur ut omnes indulgentias Sanctissimo Beatae Mariae Virginis Rosario concessas consequamur:

Pater, Ave, Credo.


Et fidelium animae, per misericordiam Dei, requiescant in pace. Amen.

V. Nos, cum prole pia.
R. Benedicat Virgo Maria.

Et sic Rosarium terminatur.


LAVS DEO VIRGINIQVE MATRI

miércoles, 14 de septiembre de 2011

A propósito del cuarto aniversario de vigencia del motu proprio "Summorum Pontificum"


En el cuarto aniversario de la entrada en vigor del motu proprio Summorum Pontificum, publicado el 7 de julio de 2007 por el Romano Pontífice felizmente reinante, la Asociación Cultural Roma Aeterna, desea compartir las siguientes reflexiones:

1. Este documento papal instauró la pax liturgica en la Iglesia: en lo sucesivo, la forma de celebrar la Sagrada Liturgia –según el uso moderno o según el uso clásico– no debía ser motivo de división y controversia entre los católicos, como desgraciadamente lo fue durante cuatro décadas. El motu proprio era y es un documento que desea la reconciliación en el seno de la Iglesia, pero no se trata de una componenda circunstancial, sino que parte del principio de la perfecta ortodoxia y legitimidad de las dos formas del rito romano: la ordinaria y la extraordinaria. Ambas expresan, cada una según su propio ethos, la lex orandi de la Iglesia, a su vez concreción de la lex credendi. Son formas diferentes pero no contradictorias entre sí. Carece, pues, de todo sentido empeñarse, desde la instancia que sea, en seguir discutiendo sobre la vigencia, el valor o la legalidad de cualquiera de las dos formas. Ambas constituyen parte del tesoro litúrgico y del patrimonio de la Iglesia.

2. Si bien el Santo Padre Benedicto XVI promulgó su documento como una Carta Apostólica motu proprio dada (es decir, por propia iniciativa), ello no es menos cierto que en modo alguno ignoró o menospreció la autoridad de los obispos, moderadores de la sagrada liturgia en la iglesia local que les está encomendada. Previamente se puso personalmente en contacto con ellos para explicarles el paso que estaba a punto de dar y la Carta a los Obispos que acompaña el motu proprio da fe de la exquisita delicadeza y del respeto al principio de sana colegialidad mostrados por el Papa. Es más, a ellos encomendó vigilar para que se aplicara rectamente Summorum Pontificum e informar a la Santa Sede pasado un trienio, cosa que se verificó puntualmente en la mayoría de los casos. A pesar de que hubo al principio algunas reacciones negativas públicas de parte de algunos prelados, también es verdad que otros acogieron el motu proprio en espíritu de disponibilidad y de adhesión inequívoca a Pedro. Hay que admitir, sin embargo, que en amplios sectores del Episcopado el documento pontificio ha sido recibido con silenciosa obsecuencia.

3. La aparición de la Instrucción Universae Ecclesiae de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei de fecha 30 de abril de este año, puso de manifiesto que el motu proprio Summorum Pontificum es un documento que ha tenido trascendencia en la vida de la Iglesia. El hecho de que se haya esperado hasta pasados largamente sus tres años de vigencia permite pensar que se tuvieron en cuenta los informes recibidos de los obispos acerca de su aplicación. El reforzamiento del motu proprio que la Instrucción claramente significa, muestra su importancia y vitalidad. Además, en todo este tiempo, las autoridades al frente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, así como las de la Congregación para el Culto Divino, han subrayado que el rito romano extraordinario es un tesoro para toda la Iglesia y no sólo para determinados grupos de fieles, lo cual queda de manifiesto por el hecho de que muchos jóvenes que antes no conocían esa liturgia, tanto sacerdotes como seglares, se han acercado a ella e incluso la han hecho suya.

4. Es innegable que la situación actual del rito romano extraordinario, oficialmente normalizada, ha experimentado un gran progreso desde la entrada en vigor del motu proprio Summorum Pontificum, progreso que va desde la mentalidad de indulto y la práctica proscripción y clandestinidad hasta el estatuto de libertad y la naturalidad con la que allí donde se aplica la disposición papal se celebra la liturgia de acuerdo con los libros litúrgicos vigentes antes de la reforma postconciliar. Sin embargo, se está aún lejos de poder considerar que el motu proprio ha alcanzado plenamente sus objetivos. Desgraciadamente, si no hay hoy una oposición frontal de parte de la Jerarquía católica (salvo rarísimos casos), sí persiste en cambio una suerte de resistencia pasiva que puede rastrearse en la actitud de muchos ordinarios, resistencia que consiste en no tratar el asunto, en silenciarlo, en ejercer una sorda y sutil pero efectiva presión desde las curias episcopales para disuadir a los párrocos (que son los que deciden de acuerdo con la voluntad del Papa) de que asientan a las peticiones de los grupos que desean las celebraciones según el usus antiquior.

5. En no pocos casos los obispos reticentes se escudan detrás del pretexto de que no hay grupos en sus diócesis que pidan la celebración regular de la liturgia romana extraordinaria o el número de fieles afectos a ella es mínimo y sin trascendencia. A lo cual hay que responder que dicha liturgia es un tesoro de toda la Iglesia y no un patrimonio de unos pocos diletantes o nostálgicos. Aun cuando no hubiera un solo fiel que conociera y pidiera la celebración según el usus antiquior, éste continuaría siendo tal tesoro de toda la Iglesia, con derecho pleno a existir y posibilidad de ser practicado sin cortapisas. Por otra parte, no sólo se trata de un tesoro universal en el espacio, sino en el tiempo, lo cual quiere decir que vale para las generaciones que lo conocieron en su pleno esplendor como para las que no lo han conocido debido a su injusta proscripción durante décadas. Como dice Benedicto XVI: “Lo que para las generaciones anteriores era sagrado, también para nosotros permanece sagrado y grande y no puede ser  improvisamente totalmente prohibido o incluso perjudicial” (Carta a los Obispos del 7 de julio de 2007). Además, ¿Cómo se pretende que los fieles pidan celebraciones litúrgicas en la forma extraordinaria del rito romano si no la conocen? Ignoti nulla cupido. Pero es un hecho comprobado que, en cuanto la conocen, muchos la aprecian y hasta la desean. No es casualidad que sea cada vez mayor la proporción de gente joven que asiste a esas celebraciones, siendo así que hoy en día sólo alguien mayor de 55 años podría haber conocido la misa y haber recibido los sacramentos con los libros litúrgicos vigentes en 1962.

6. Otro pretexto para evitar a toda costa la aplicación del motu proprio consiste en exigir que el sacerdote que ha de celebrar sea, a la par que eximio latinista, un consumado liturgo, cosa que, curiosamente, no se exige si se trata del rito ordinario celebrado tal como consta en las ediciones típicas latinas. Y ello por no hablar del descuido y negligencia con los que muchos sacerdotes celebran con esta liturgia incluso en lengua vernácula. Se hace una interpretación estrecha del “sacerdos idoneus”, siendo así que basta que tenga un conocimiento suficiente del latín y de las rúbricas del rito extraordinario como para entender lo que celebra y celebrar dignamente. Pero es evidente que nadie tiene ciencia infusa en materia de liturgia y un joven sacerdote que no ha conocido ni conoce las antiguas ceremonias ni tiene nociones de latín (como es, desgraciadamente, el caso de la gran mayoría de clérigos por debajo de los cincuentena) no es obviamente un sujeto idóneo para celebrar en la forma clásica, pero puede aprender a hacerlo y hoy en día, con los modernos medios de aprendizaje y tutorías es relativamente fácil hacerlo. Aún más: en los seminarios y noviciados debería poder estudiarse las dos formas del rito romano en su historia, en sus ceremonias y en sus rúbricas, teórica y prácticamente. Ello redundaría en el “mutuo enriquecimiento” deseado por el Santo Padre Benedicto XVI.

7. Por lo que a España respecta, lamentablemente en el asunto del motu proprio Summorum Pontificum estamos en clara desventaja respecto a otros países. Ello tiene múltiples explicaciones: el poco arraigo del movimiento litúrgico (que quedó prácticamente truncado con la Guerra Civil y la necesidad más urgente, en los años de la Postguerra, de reconstruir lo que había abatido la persecución religiosa ); la religiosidad más folklórica que litúrgica del pueblo; la escasa o nula percepción del alcance de los cambios litúrgicos y la ciega y acrítica sumisión a ellos (a diferencia de los países donde los católicos estaban mucho más sensibilizados por vivir en países con mayorías protestantes o en Estados laicos: Inglaterra, Alemania, Francia, Estados Unidos…); la intransigencia ciega y la ideologización de sectores del llamado “tradicionalismo” (vinculando la causa de la misa tradicional a banderías políticas); la contundencia y la forma muchas veces brutal y traumática con la que se aplicó la reforma litúrgica postconciliar y el consiguiente olvido del pasado por más de cuarenta años; en fin, la ignorancia religiosa, fruto de catequesis experimentales y abusivas que pulularon a lo largo de las décadas contestatarias, de la simple dejación del deber de enseñar a los fieles o de la pérdida del sentido de lo sagrado tanto en el clero como en el pueblo. No es de extrañar, pues, que una recentísima encuesta de Paix Liturgique muestre cómo la forma extraordinaria del rito romano es prácticamente desconocida en España. No obstante, también hace constar un dato esperanzador: si se la conociera se la desearía.

8. Pero aquí está precisamente el problema: ¿cómo dar a conocer la forma extraordinaria del rito romano y hacer comprender el contenido y el sentido del motu proprio Summorum Pontificum en un  país donde la Conferencia Episcopal hasta hace poco mantenía en su portal virtual un artículo demoledor contra este documento escrito por el secretario de la Comisión Episcopal de Liturgia, la misma entidad cuyo antiguo presidente (de 2002 a 2011), el Excmo. Sr. Obispo de León. Mons. Julián López Martín, se manifestó contrario a la vuelta del usus antiquior en su diócesis? Ello por no mencionar los casos del Excmo. Sr. Obispo de Málaga y del Excmo. Sr. Obispo emérito de Girona, y el hecho que de de los 75 prelados residenciales de España tan sólo tres han celebrado de acuerdo con el usus antiquior en público: el Excmo. Sr. Arzobispo de Zaragoza, Mons. Manuel Ureña Pastor, el Excmo. Sr. Obispo de Cuenca, Mons. José Yanguas Sanz, y el Excmo. Sr. Obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández González. Entre los purpurados españoles, únicamente el Emmo. Sr. Cardenal Antonio Cañizares Llovera, prefecto de la Congregación para el Culto Divino, ha oficiado en público según la forma extraordinaria en diversas ocasiones y lugares, pero nunca en territorio español, lo cual es, por lo menos, curioso. Con honrosas excepciones, como la del Excmo. Sr. Obispo de Coria-Cáceres, Mons. Francisco Cerro (que se ha expresado en términos favorables al motu proprio), puede decirse, sin temor a errar, que entre la mayoría de los jerarcas de nuestro país lo de “rito extraordinario” parece significar “rito excepcional” (y no por su imponencia o magnificencia, sino a título de excepción); parece que continúa prevaleciendo en la mayoría de ellos la mentalidad de indulto. Y ello se deja sentir en la pesada responsabilidad que supone para muchos párrocos acceder a los pedidos de sus fieles, a sabiendas de que no es cosa bien vista en sus respectivas curias episcopales y de que éstas tienen múltiples modos de ejercer presión disuasoria sobre ellos sin necesidad de contestar abiertamente el motu proprio. Evidentemente, dado que la comunión visible con el Papa y los Obispos es para nosotros un punto fundamental, no podemos por menos de esperar que esta tendencia cambie y nuestros prelados le pierdan el miedo o el recelo al motu proprio. Nada nos complacería tanto como participar en celebraciones litúrgicas del usus antiquior teniendo a la cabeza a nuestros pastores. 

9. El dato positivo lo constituye el creciente incremento de los grupos estables de fieles que en España desean acogerse a la libertad reconocida por el motu proprio a escoger el rito romano clásico como su forma habitual de culto. Desde la publicación y la entrada en vigor de Summorum Pontificum hace ya cuatro años, se han multiplicado notablemente y han conseguido algunas celebraciones regulares de la Santa Misa según el Misal de 1962, así como de algunos sacramentos conforme a los libros litúrgicos del usus antiquior. Aunque los logros en este sentido, para un país de tradición católica como España sean más bien escasos, sobre todo comparados con el resto de Europa e incluso del mundo, es verdad que nuestro país no es ya el páramo que era por lo que a la liturgia romana extraordinaria se refiere. Pero la situación está muy lejos aún de ser mínimamente satisfactoria. Incluso desde el punto de vista práctico, no es posible que en ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Zaragoza, Santiago, Bilbao, Málaga y otras metas de ingente turismo extranjero, haya escasísimas oportunidades para los viajeros de otras lenguas y que desconocen el castellano, el catalán, el valenciano, el euskera o el gallego de asistir a la Santa Misa celebrada en la lengua común de la Iglesia y con ceremonias que tienen un sentido histórico y universal. Grandes urbes como París, Londres, Roma, Nueva York, Berlín, Praga, México, Melbourne y muchas otras ciudades nos llevan la delantera en lo que podríamos llamar “cosmopolitismo litúrgico” y que no es otra cosa que la expresión tangible de la universalidad católica, que fue realidad hace medio siglo y que vale la pena recuperar con la ventaja de la perspectiva que nos da la experiencia de las últimas décadas, para enmendar viejos errores y atavismos y acabar de una vez para siempre con prejuicios y controversias.

Barcelona, a 14 de septiembre de 2011, en la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Domine, da nobis illam quam mundus dare non potest, pacem!




“Ayer fue  un  día  tenebroso  en  la historia  de  la  humanidad,  una  terrible  afrenta contra la dignidad del hombre. Desde que recibí la noticia, seguí con intensa participación el desarrollo de la situación, elevando al Señor mi apremiante oración. ¿Cómo pueden verificarse episodios de una crueldad tan salvaje? El corazón del hombre es un abismo del que brotan a veces planes de inaudita atrocidad, capaces de destruir en unos instantes la vida serena y laboriosa de un pueblo. Pero la fe sale a nuestro encuentro en estos momentos en los que todo comentario parece inadecuado. La palabra de Cristo es la única que puede dar una respuesta a los interrogantes que se agitan en nuestro espíritu.  Aun  cuando  parecen  dominar las  tinieblas,  el  creyente  sabe  que el mal  y  la  muerte  no  tienen  la  última palabra.  Aquí se funda la esperanza cristiana; aquí se alimenta, en este momento, nuestra confianza apoyada en la oración”.

Beato Juan Pablo II: Audiencia general del 12 de septiembre de 2001.






“Hoy nuestro pensamiento va también al 11 de septiembre de hace diez años. Al recordar al Señor de la Vida a las víctimas de los atentados consumados en aquel día y a sus familiares, invito a los responsables de las naciones y a los hombres de buena voluntad a que rechacen siempre la violencia como solución de los problemas, a resistirse a la tentación del odio y a obrar en la sociedad inspirándose en los principios de solidaridad, de justicia y de paz”.

Benedicto XVI: Angelus en el Astillero naval de Ancona, 11 de septiembre de 2011.






REQVIEM AETERNAM DONA EIS, DOMINE,
ET LUX PERPETVA LVCEAT EIS.

ANIMAE OMNIVM QVI PERIERVNT IN INFANDIBVS NECIBVS DIEI ILLAE PER MISERICORDIAM DEI REQVIESCANT IN PACE. AMEN.