domingo, 11 de septiembre de 2011

Domine, da nobis illam quam mundus dare non potest, pacem!




“Ayer fue  un  día  tenebroso  en  la historia  de  la  humanidad,  una  terrible  afrenta contra la dignidad del hombre. Desde que recibí la noticia, seguí con intensa participación el desarrollo de la situación, elevando al Señor mi apremiante oración. ¿Cómo pueden verificarse episodios de una crueldad tan salvaje? El corazón del hombre es un abismo del que brotan a veces planes de inaudita atrocidad, capaces de destruir en unos instantes la vida serena y laboriosa de un pueblo. Pero la fe sale a nuestro encuentro en estos momentos en los que todo comentario parece inadecuado. La palabra de Cristo es la única que puede dar una respuesta a los interrogantes que se agitan en nuestro espíritu.  Aun  cuando  parecen  dominar las  tinieblas,  el  creyente  sabe  que el mal  y  la  muerte  no  tienen  la  última palabra.  Aquí se funda la esperanza cristiana; aquí se alimenta, en este momento, nuestra confianza apoyada en la oración”.

Beato Juan Pablo II: Audiencia general del 12 de septiembre de 2001.






“Hoy nuestro pensamiento va también al 11 de septiembre de hace diez años. Al recordar al Señor de la Vida a las víctimas de los atentados consumados en aquel día y a sus familiares, invito a los responsables de las naciones y a los hombres de buena voluntad a que rechacen siempre la violencia como solución de los problemas, a resistirse a la tentación del odio y a obrar en la sociedad inspirándose en los principios de solidaridad, de justicia y de paz”.

Benedicto XVI: Angelus en el Astillero naval de Ancona, 11 de septiembre de 2011.






REQVIEM AETERNAM DONA EIS, DOMINE,
ET LUX PERPETVA LVCEAT EIS.

ANIMAE OMNIVM QVI PERIERVNT IN INFANDIBVS NECIBVS DIEI ILLAE PER MISERICORDIAM DEI REQVIESCANT IN PACE. AMEN.

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